viernes, 15 de marzo de 2013


¿Y si escribiera ahora las últimas líneas? ¿Si, por unas horas, abriera las puertas a esas palabras que nunca he dicho, que no conozco: esas palabras de sabiduría extraña… pero palabras, al fin y al cabo? Esas palabras se estiran y se achican en mi boca, se hinchan de saliva y no pueden salir, arrastran recuerdos e imágenes pasadas… y se enredan en mi lengua… y callo. Callo y algo se me apaga por dentro. Un pensamiento más se marchita y cae a ese fondo de hojarasca que hay a mis pies.
 
 
 
 

domingo, 16 de diciembre de 2012


Hay cosas que escondí en la arena. Cosas rotas e inútiles que ya no quería, que ya no sentía mías. Cosas que necesitaba olvidar. Las asfixié en mi mente, las ahogué para siempre en mis sueños. Las maté, y las enterré en la arena fría de la madrugada. Empañé tus recuerdos, cerré tus ojos, borré tu sonrisa, apagué tu voz y até tus manos.  Luego me alejé, con mis culpables dedos manchados de sal… Me alejé, deseando con todo mi ser que el mar y las horas acabaran contigo y me lavaran de ti.
 
No negaré que en algún momento no haya sentido la tentación de volver atrás para intentar desenterrarte, para rescatarte del olvido y entregarme a ti una última vez. Más de mil veces titubeé con pasos arrepentidos. Más de mil veces creí no haberte perdido… Pero de esos momentos de debilidad me salvaba la certeza de que ya no te encontraría allí, de que, aunque volviera, todo aquello que una vez fue nuestro yacía ahora muerto, engullido por restos de piedra y coral, corroído por el salitre, hundido en el fondo del mar... aquello ya no era ni tuyo ni mío; aquello estaba muerto y vacío.  

Entonces sentí cómo una parte de mí perdía por fin tu nombre. Una parte de mí, esa que una vez hiciste tuya, se arrastraba ahora por la orilla, deshaciéndose poco a poco en la marea. Esa parte que se había contagiado de ti, esa parte que solo tenía sentido gracias a ti… Esa ya no existía.   
 

martes, 27 de diciembre de 2011

The Lighthouse

           

Me invade la imperiosa necesidad de subir a lo alto de ese viejo faro; ese olvidado coloso gris que tan estoicamente resiste al embate de las olas… esa triste pila de piedras. No es de extrañar que acuda a él en busca de abrigo ante esta tormenta: a pesar de su fealdad y decrepitud, el faro sigue sirviendo de fuerte contra la furia salvaje de la marea.

Solo ahora, desde la seguridad de sus viejos muros, me atrevo a mirar de frente al mar de medianoche, porque sé que él nunca dejará que las olas me arrastren a ese atávico abismo que allá abajo custodian; a ese agujero negro, a ese sumidero al que van a parar todas las cosas rotas… Y aún así, el mero hecho de posar mis ojos en su negra superficie de terciopelo parece un puro acto de sumisión; como si esa terrible oscuridad abisal tuviese el poder de consumir lentamente el brillo de mis ojos, de succionar mi mirada, y así atrapar para siempre mi alma entre celdas de coral y barcos hundidos…

…De hecho, mientras escribo esto temo que parte de mí ya se haya entregado incondicionalmente a ella… incluso si cerrara los ojos, el omnipresente rugir de las olas y el agudo lamento del viento saben trepar por las paredes y escurrirse en agujeros y grietas… los oigo subir por los muros de este faro… y sé que no pararán hasta encontrarme y llevarme con ellos.




                                                                     

Where I End And You Begin

           

     Porque no podemos evitar sentirnos como pequeñas islas de vez en cuando: rodeados de agua por todas partes, al borde de ese abismo infinito e insalvable en el que tú empiezas y yo termino...