miércoles, 4 de enero de 2012
martes, 27 de diciembre de 2011
The Lighthouse
Me invade la imperiosa necesidad de subir a lo alto de ese viejo
faro; ese olvidado coloso gris que tan estoicamente resiste al embate de las
olas… esa triste pila de piedras. No es de extrañar que acuda a él en busca de
abrigo ante esta tormenta: a pesar de su fealdad y decrepitud, el faro sigue
sirviendo de fuerte contra la furia salvaje de la marea.
Solo ahora, desde la seguridad de sus viejos muros, me atrevo a
mirar de frente al mar de medianoche, porque sé que él nunca dejará que las
olas me arrastren a ese atávico abismo que allá abajo custodian; a ese agujero
negro, a ese sumidero al que van a parar todas las cosas rotas… Y aún así, el
mero hecho de posar mis ojos en su negra superficie de terciopelo parece un
puro acto de sumisión; como si esa terrible oscuridad abisal tuviese el poder
de consumir lentamente el brillo de mis ojos, de succionar mi mirada, y así
atrapar para siempre mi alma entre celdas de coral y barcos hundidos…
…De hecho, mientras escribo esto temo que parte de mí ya se haya
entregado incondicionalmente a ella… incluso si cerrara los ojos, el
omnipresente rugir de las olas y el agudo lamento del viento saben trepar por
las paredes y escurrirse en agujeros y grietas… los oigo subir por los muros de
este faro… y sé que no pararán hasta encontrarme y llevarme con ellos.
Where I End And You Begin
Porque no podemos evitar sentirnos como pequeñas islas de vez en cuando: rodeados de agua por todas partes, al borde de ese abismo infinito e insalvable en el que tú empiezas y yo termino...
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